La comunicación es realmente importante cuando entendemos que es nuestro medio para relacionarnos con los demás, cuando comprendemos que es la herramienta que empleamos diariamente para conseguir lo que necesitamos, expresar lo que queremos o lo que odiamos. Pero mucho más allá de esto, comunicarnos es una manera de ser nosotros mismos, es decir, seres sociales por naturaleza.
En ocasiones, creemos que comunicarnos se basa única y exclusivamente en manifestar lo que sentimos a través de las palabras. Sin embargo, la semiótica se ocupa de dos grupos de lenguaje, ademas del verbal, como son el no verbal y el paralenguaje. Nuestro cuerpo está emitiendo constantemente mensajes sin ni siquiera darnos cuenta y estas aclaraciones, precisamente, son una manera de proyectar al exterior lo que sentimos, lo que nos gusta y lo que no. Por consiguiente, los mensajes no verbales presentan más significación que los verbales. De hecho, el psicólogo alemán A. Mehrabian (1968) reconoció que el impacto producido por un mensaje deriva en un 45 % de los signos verbales y en un 55 % de los no verbales. Por tanto, aquí una muestra de la importancia de la comunicación no verbal como instrumento de supervivencia en plena pandemia mundial.
Hoy, a veintiséis de octubre de dos mil veinte, podemos decir que la forma de comunicarnos ha dado una vuelta de trescientos sesenta grados sin adaptaciones ni clases de introducción previa. La vida ha cambiado, las personas han cambiado y el lenguaje también. Hemos sustituido las sonrisas por un guiño, un “buenos días” por levantar el brazo y un “gracias” por el movimiento de la mano cerca del pecho. Todo esto ha sido consecuencia del uso obligatorio de mascarillas y la distancia de seguridad con el fin de reducir al máximo el número de contagios en nuestro país. No obstante, esa misma tela de papel que no deja traspasar el virus, tampoco ha dejado espacio para la comunicación no verbal, tan necesaria hoy en día, especialmente para todas aquellas personas que sufren trastornos patológicos como los individuos sordos. Este colectivo se sirve de la lengua de signos, compuesta gran parte por movimientos de boca, de ese lenguaje corporal para poder relacionarse adecuadamente con la sociedad que le rodea. Ahora, además de la propia pandemia, esta comunidad se encuentra con un problema -no mayor pero si significativo- como es la ausencia de comunicación.
Por otra parte, siempre se ha dicho que los ojos son el espejo del alma, pues es donde reside el mayor porcentaje de expresión, aunque, con frecuencia las miradas iban unidas a una palabra de afecto o incluso a una sonrisa como signo de confianza y credibilidad. Es por esto, que el uso de la mascarilla -el cual cubre prácticamente todo el rostro- ha aniquilado esta forma de relacionarse. Así pues, la cinesia volverá a cobrar importancia a través de los gestos, las postura y movimientos específicos tales como los emblemas, los ilustradores, los reguladores o adaptadores.
En definitiva, la actual situación epidemiológica nos obliga a utilizar mascarilla para prevenir contagios y mantener la distancia de seguridad no solo por nuestro bien, sino por el de los demás; esta es la razón por la cual debemos aprender a adaptarnos a la nueva situación y no dejarnos llevar por el miedo que es capaz de nublarnos y paralizarnos por completo y sin embargo; el lenguaje no verbal ya era extendidamente empleado hace muchos años en nuestra vida cotidiana. No somos conscientes, pero valoramos a las personas antes de que hablen por su forma de vestir, su pelo o su manera de andar. Todos reaccionamos ante los movimientos corporales y juzgamos. Y no nos mintamos, hace tiempo que dejamos de ser tan expresivos presencialmente para dar paso al mundo digital en el que mandamos un emoticono para decir que nos encanta lo que nos dicen o incluso enviamos un meme para hacer una broma pesada. No se trata de cambiar todo por completo, sino de adaptarnos con los recursos que tenemos y esos bienes son principalmente los gestos.
Por último, y como bien explica un proverbio árabe “quien no comprenda una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación”.