Cuando te intenté hablar en aquel bar de la esquina no fue, para nada, porque llevara dos copas de más, fue por llevar un corazón de menos.
Amarte ha sido lo más bonito de toda esta historia inacabada, perderte fue extinguirme cuando aún tenía toda una vida por delante que disfrutar. Y aquí estoy, bebiendo tu recuerdo, tragando el humo que se aleja de tu boca poco a poco, besando la ausencia de tus manos que, sin apenas tocarme, aún hacen que se me erice la piel.
Que si, que esta herida es incapaz de curarse sin cristalmina ni alcohol y mucho menos con besos porque ya, oxidados por el viento, el tiempo se han pronunciado una última vez cansado de aguantar siempre lo mismo, la repetitiva historia una y otra vez.
Lo siento pero creo que ya nos veremos cuando el destino tenga la intención de juntarnos, mientras tanto, cuídate. Pero cuídate bien. No hay otra solución decente para arreglar todo este caos de lágrimas que me causas cada vez que se empañan los cristales del baño y observo ese corazón que dibujaste una tarde cualquiera para hacerme recordar que siempre, siempre, estarías ahí. Está claro que ese es tu truco, esa es mi magia.
Estos son algunos versos de sutura para (des)cosidos porque tengo claro que si hay algo que perder, que sean los miedos.