domingo, 2 de junio de 2019

Versos de sutura para (des)cosidos

Cuando te intenté hablar en aquel bar de la esquina no fue, para nada, porque llevara dos copas de más, fue por llevar un corazón de menos.
Amarte ha sido lo más bonito de toda esta historia inacabada, perderte fue extinguirme cuando aún tenía toda una vida por delante que disfrutar. Y aquí estoy, bebiendo tu recuerdo, tragando el humo que se aleja de tu boca poco a poco, besando la ausencia de tus manos que, sin apenas tocarme, aún hacen que se me erice la piel.
Que si, que esta herida es incapaz de curarse sin cristalmina ni alcohol  y mucho menos con besos porque ya, oxidados por el viento, el tiempo se han pronunciado una última vez cansado de aguantar siempre lo mismo, la repetitiva historia una y otra vez. 
Lo siento pero creo que ya nos veremos cuando el destino tenga la intención de juntarnos, mientras tanto, cuídate. Pero cuídate bien. No hay otra solución decente para arreglar todo este caos de lágrimas que me causas cada vez que se empañan los cristales del baño y observo ese corazón que dibujaste una tarde cualquiera para hacerme recordar que siempre, siempre, estarías ahí. Está claro que ese es tu truco, esa es mi magia.

Estos son algunos versos de sutura para (des)cosidos porque tengo claro que si hay algo que perder, que sean los miedos.


Maldito cobarde

Ojalá vinieras
enfadado,
harto de esperarme
y una vez aquí,
golpearas la puerta a patada
mientras gritas:

“Cobarde, sal ahora mismo y enfréntate al AMOR DE TU VIDA”

¿Qué sabor tiene el olvido?

Este silencio corrompe mi alma, mi corazón se estremece y siente desprecio por parte de todos, o mejor dicho, por parte de ti.
El olvido está lleno de memoria y tranquilo, que a ti si que te recordaré. Has sido experto en echar de más a quien un día echaste de menos, profesional en todo lo que respecta al amor mundano y al qué dirán. 
Te olvidé el día en el que no me importó mirar tus mensajes y ya no había ninguno, cuando la hora de conexión era algo secundario o incluso en el momento que pulsé el botón para borrar nuestras conversaciones.  
Te olvidé cuando descubrí que tu número de teléfono ya no estaba en la lista de “mejores amigos” y no olvides que tu presencia ha sido mi mayor ausencia cuando te necesitaba cerca.
Aprendí que las noches estaban para dormir y no para llorar por nadie que sus silencios hablaban más que sus palabras


Te olvido porque me cansé de olvidarme.