Un tuit publicado el día 9 de abril de 2020 por el ex dramaturgo Ernesto Caballero ha acabado con la paciencia y el buen estar de los artistas de nuestro país. Algo tan importante como la música, el cine o los libros no formaron parte de nuestras vidas durante 48 horas al no sentirse este sector cultural nada valorado por el Gobierno. No obstante, muchos de ellos han publicado y compartido sus trabajos de manera gratuita y sin esperar nada a cambio para hacer frente a esta situación tan dramática y triste a causa de la crisis sanitaria producida por el coronavirus (COVID-19) donde lo único que no se está perdiendo es la esperanza.
Diversas asociaciones del país lanzaron la iniciativa #Apagóncultural para visibilizar su esfuerzo, lucha y talento. Algunos no le dan ninguna importancia a la cultura pero que esos mismo le pregunten a los pies de una bailarina qué precio tiene el aplauso, a los dedos de un pianista, a los ojos de un fotógrafo, a las manos de un batería o a la mirada penetrante de una actriz. Que les pregunten acerca de las horas de sueño perdidas, las noches en vigilia, los rechazos constantes de frases tan típicas como “de ilusiones no se come”, “quítate esos pájaros de la cabeza” o incluso “niña vas a ser una muerta de hambre como tengas que publicar un libro tu sola”. El dolor del abucheo y el martirio a la crítica nos deshace por dentro cuando escuchamos como un artista se desvive por su trabajo para recibir esos aplausos de dos segundos quedando detrás meses de ensayo continuo porque un actor o una actriz debe trabajar toda la vida, cultivar su mente, desarrollar su talento delante de cámaras y de cientos de personas como técnicos de sonido, de imagen, productores, maquilladores, etc para sacar una sonrisa al que esta al otro lado de la pantalla, y ese precisamente eres tú y yo y nosotros.
Estas personas de las que hablamos se han acostumbrado a un futuro incierto por el escaso apoyo financiero y moral que reciben y no solamente por parte del Gobierno, sino también de la ciudadanía. Se han acostumbrado a la subida de impuestos a la cultura, a vivir en un país donde no valoran un buen libro o una película que hace derramar lágrimas y nos preguntaremos ¿Por qué? Porque no queremos que el escritor nos plasme en unas hojas la realidad cruel que vivimos, no queremos que los retratos del fotógrafo nos hagan abrir los ojos, no permitimos que la cantante nos haga pensar.
Y yo, como una simple ciudadana española apoyo este movimiento para que la única arma que pueda comparse libremente sea una pluma cargada de tinta.