sábado, 25 de abril de 2020

Que le pregunten a los pies de una bailarina qué precio tiene el aplauso


Un tuit publicado el día 9 de abril de 2020 por el ex dramaturgo Ernesto Caballero ha acabado con la paciencia y el buen estar de los artistas de nuestro país. Algo tan importante como la música, el cine o los libros no formaron parte de nuestras vidas durante 48 horas al no sentirse este sector cultural nada valorado por el Gobierno. No obstante, muchos de ellos han publicado y compartido sus trabajos de manera gratuita y sin esperar nada a cambio para hacer frente a esta situación tan dramática y triste a causa de la crisis sanitaria producida por el coronavirus (COVID-19) donde lo único que no se está perdiendo es la esperanza.
Diversas asociaciones del país lanzaron la iniciativa #Apagóncultural para visibilizar su esfuerzo, lucha y talento. Algunos no le dan ninguna importancia a la cultura pero que esos mismo le pregunten a los pies de una bailarina qué precio tiene el aplauso, a los dedos de un pianista, a los ojos de un fotógrafo, a las manos de un batería o a la mirada penetrante de una actriz. Que les pregunten acerca de las horas de sueño perdidas, las noches en vigilia, los rechazos  constantes de frases tan típicas como “de ilusiones no se come”, “quítate esos pájaros de la cabeza” o incluso “niña vas a ser una muerta de hambre como tengas que publicar un libro tu sola”. El dolor del abucheo  y el martirio a la crítica nos deshace por dentro cuando escuchamos como un artista se desvive por su trabajo para recibir esos aplausos de dos segundos quedando detrás meses de ensayo continuo porque un actor o una actriz debe trabajar toda la vida, cultivar su mente, desarrollar su talento delante de cámaras y de cientos de personas como técnicos de sonido, de imagen, productores, maquilladores, etc para sacar una sonrisa al que esta al otro lado de la pantalla, y ese precisamente eres tú y yo y nosotros.
Estas personas de las que hablamos se han acostumbrado a un futuro incierto por el escaso apoyo financiero y moral que reciben y no solamente por parte del Gobierno, sino también de la ciudadanía. Se han acostumbrado a la subida de impuestos a la cultura, a vivir en un país donde no valoran un buen libro o una película que hace derramar lágrimas y nos preguntaremos ¿Por qué? Porque no queremos que el escritor nos plasme en unas hojas la realidad cruel que vivimos, no queremos que los retratos del fotógrafo nos hagan abrir los ojos, no permitimos que la cantante nos haga pensar.
Y yo, como una simple ciudadana española apoyo este movimiento para que la única arma que pueda comparse libremente sea una pluma cargada de tinta.

jueves, 9 de abril de 2020

Primavera en plena pandemia

Como un corte limpio, así de veloz, así de tajante, la vida se trasformó hace unas semanas en un laberinto sin salida. El Gobierno decretó un estado de alarma, ese que desde la época franquista los españoles no habían vuelto a vivir y a la población se le ordenó un confinamiento permanente durante quince días, luego otros tantos y ya vamos por el día veintinueve. Millones de personas entramos en un paréntesis constante del que no se sabe ni cuándo ni cómo ni cuántos saldremos de este naufragio letal que va arrasando con la vida de todo aquel que se le pone por delante con un simple estornudo o un apretón de manos. Se cancelaron las clases, se vaciaron las calles y se llenaron los hospitales de profesionales dispuestos a dar su vida por los demás porque si necesitas una mascarillas, nosotros cosemos mil más.
El metro serpentea por territorio foráneo. Las familias se encerraron en sus pisos. Los ancianos se vacunaron de soledad y tristeza. Empresarios y trabajadores declinan ertes en todos los tiempos verbales con sus respectivos modos incluidos. Más de setecientas  personas han muerto hoy en nuestro país, los/as autónomos/as se ven arruinados y desolados, incapaces de poder llevar el negocio hacia delante, el pueblo está perdiendo la cabeza con tantas noticias de sufrimiento tenaz a punto de estallar una revolución emocional. Pérdidas, pérdidas y más pérdidas. Aunque lo único que no perdemos es la ESPERANZA. Tampoco perdemos la ilusión de hacer mañana nuevas tareas con los más pequeños de la casa, que pintar se ha convertido en nuestro hobby favorito, que escuchar música no había tenido tanto sentido desde que comprendemos la letra mirando a nuestra pareja a los ojos, que ahora, en plena pandemia sanitaria, las 20:00h se ha convertido en la hora de encuentro, en la hora de un nuevo concierto para alegrar estos corazones sedientos de vitalidad.
Aplaudimos, nos emocionamos, nos miramos y besamos más y mejor a los nuestros porque hoy es un día más para disfrutar la vida y uno menos para salir de esta tregua ejemplar que nos llevará en un futuro, no tan lejano, al país de nunca jamas con Peter Pan y campanilla, un pais donde no haya sufrimiento ni dolor, sino sonrisas a destiempo y fiestas que se alarguen hasta por la mañana porque a mi siempre me han dicho que hay llegar pronto por eso tengo la costumbre de  esperar al sol para que me acompañe a casa.

Pero…shhh calla que ya ha amanecido. El sol, apaciguado, nace de nuevo y la naturaleza, ajena a nuestro temor, nos susurra que regresa la primavera y todos sabemos que tarde o temprano, regresarán las flores al jardín que le hicieron crecer.

💪💙💪💙


#quedateencasa