lunes, 26 de octubre de 2020

Se declara el estado de urgencia lingüística

La comunicación es realmente importante cuando entendemos que es nuestro medio para relacionarnos con los demás, cuando comprendemos que es la herramienta que empleamos diariamente  para conseguir lo que necesitamos, expresar lo que queremos o lo que odiamos. Pero mucho más allá de esto, comunicarnos es una manera de ser nosotros mismos, es decir, seres sociales por naturaleza.


En ocasiones, creemos que comunicarnos se basa única y exclusivamente en  manifestar lo que sentimos a través de las palabras. Sin embargo, la semiótica se ocupa de dos grupos de lenguaje, ademas del verbal, como son el no verbal y el paralenguaje. Nuestro cuerpo está emitiendo constantemente mensajes sin ni siquiera darnos cuenta y estas aclaraciones, precisamente, son una manera de proyectar al exterior lo que sentimos, lo que nos gusta y lo que no. Por consiguiente, los mensajes no verbales presentan más significación que los verbales. De hecho, el psicólogo alemán A. Mehrabian (1968) reconoció que el impacto producido por un mensaje deriva en un 45 % de los signos verbales y  en un 55 % de los no verbales. Por tanto, aquí una muestra de la importancia de la comunicación no verbal como instrumento de supervivencia en plena pandemia mundial.


Hoy, a veintiséis de octubre de dos mil veinte, podemos decir que la forma de comunicarnos ha dado una vuelta de trescientos sesenta grados sin adaptaciones ni clases de introducción previa. La vida ha cambiado, las personas han cambiado y el lenguaje también. Hemos sustituido las sonrisas por un guiño, un “buenos días” por levantar el brazo y un “gracias”  por el movimiento de la mano cerca del pecho. Todo esto ha sido consecuencia del uso obligatorio de mascarillas y la distancia de seguridad con el fin de reducir al máximo el número de contagios en nuestro país. No obstante, esa misma tela de papel que no deja traspasar el virus, tampoco ha dejado espacio para la comunicación no verbal, tan necesaria hoy en día, especialmente para todas aquellas personas que sufren  trastornos patológicos como los individuos sordos. Este colectivo se sirve de la lengua de signos, compuesta gran parte por movimientos de boca, de ese lenguaje corporal para poder relacionarse adecuadamente con la sociedad que le rodea. Ahora, además de la propia pandemia, esta comunidad se encuentra con un problema -no mayor pero si significativo- como es la ausencia de comunicación.


Por otra parte, siempre se ha dicho que los ojos son el espejo del alma, pues es donde reside el mayor porcentaje de expresión, aunque, con frecuencia las miradas iban unidas a una palabra de afecto o incluso  a una sonrisa como signo de confianza y credibilidad. Es por esto, que el uso de la mascarilla -el cual cubre prácticamente todo el rostro- ha aniquilado  esta forma de relacionarse. Así pues, la cinesia volverá a cobrar importancia a través de los gestos, las postura y movimientos específicos tales como los emblemas, los ilustradores, los reguladores o adaptadores.


En definitiva, la actual situación epidemiológica nos obliga a utilizar mascarilla para prevenir contagios y mantener la distancia de seguridad no solo por nuestro bien, sino por el  de los demás; esta es la razón por la cual debemos aprender a adaptarnos a la nueva situación y no dejarnos llevar por el miedo que es capaz de nublarnos y paralizarnos por completo y sin embargo; el lenguaje no verbal ya era extendidamente empleado hace muchos años en nuestra vida cotidiana. No somos conscientes, pero valoramos a las personas antes de que hablen por su forma de vestir, su pelo o su manera de andar. Todos reaccionamos ante los movimientos corporales y juzgamos. Y no nos mintamos, hace tiempo que dejamos de ser tan expresivos presencialmente para dar paso al mundo digital en el que mandamos un emoticono para decir que nos encanta lo que nos dicen o incluso enviamos un meme para hacer una broma pesada. No se trata de cambiar todo por completo, sino de adaptarnos con los recursos que tenemos y esos bienes son principalmente los gestos.


Por último, y como bien explica un proverbio árabe “quien no comprenda una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación”.


lunes, 12 de octubre de 2020

La vida es más bonita cuando la piel se eriza sin que la toque


Más allá de los besos, del sexo y de las palabras reside el amor. Reside en esa sensación de saber que le importas a alguien, que te valora y respeta, que te mima y te hace más bonita por fuera.

La vida es más bonita cuando antes de desabrocharte la camisa te pregunta si eres feliz, te aleja de las preocupaciones y te abraza bien fuerte. Cuando hace algo sin que lo sepas y mucho menos sin que te lo esperes, aun estando despierta.

La vida es más bonita cuando te miran y le pillas mirándote y se te pone la cara de tonta. Cuando te coge de la mano en ese momento en el que estás rota y sin fuerzas. Apagada y sin ganas de nada.

La vida es más bonita cuando te da un beso en la frente y te dice que te quiere sin apartar ni un segundo sus ojos de los tuyos. Cuando te deja un hueco en su pecho y te agarra con ganas, porque ahí, justo ahí te sientes bien. Te sientes viva.

La vida es más bonita cuando te acompaña a tu casa y espera a escuchar el cierre de la puerta. Cuando te recoge, subes al coche y te dice “¡Qué guapa!”  nada más verte.

La vida es más bonita cuando la piel se eriza sin que la toquen. Cuando se siente orgulloso  de ti y te acompaña a que cumplas todas y cada una de las ideas locas que tienes en tu cabeza aun sabiendo que posiblemente nunca lleguen a nada  real. 

La vida es más bonita cuando le tienes delante con esos ojos color café, el pelo despeinado y una camiseta de baloncesto del año pasado y tú, como siempre le sonríes y le guiñas el ojo.

Cuando sientes que eres afortunada por tener a quien sabe estar y ser a la vez. Cuando te recompone con tan solo decirte: “¿Merendamos?” Y sabes que esa tarde va a acabar muy bien porque habrá chocolate y dulce para compartir. Una merienda perfecta para no parara de reír.

La vida es más bonita contigo porque el amor no se escribe con cariño, se pronuncia con hechos y esto, recuérdalo siempre.

Ojalá este mundo esté lleno de personas que merezcan la alegría y no la pena.Que demuestren con pequeños detalles y que no dejen las palabras en el aire. Personas que nos acompañen en esto que llaman vida y que busquen más tiempo que excusas. Ojalá siempre tengamos cerca a personas que sepan hacer de un abrazo el mejor lugar para quedarte a vivir, pero por si hace frío me llevo calcetines largos de colores y una libreta para escribir. Personas que nos acepten tal y como somos, que no quieran cambiarnos, sino hacernos mejores. Personas que saquen un hueco para escuchar la misma historia una y otra vez porque saben que a ella le hace mucha ilusión. Le dirás pesada más veces que su propio nombre pero… ¡qué bonita es cuando sonríe! Ojalá encontremos personas que estén en los  peores momentos de nuestra vida, esos en los que casi rozamos el suelo pero también en los que casi tocamos el cielo. 

Ojalá estemos rodeados de más personas que sean luz y paz, que sean  mar y calma.

Definitivamente, la vida es más bonita cuando la piel se eriza sin que la toquen, cuando el amor se escribe y  no  se rompe.

Si me vas a echar, que sea de menos

SI....

Si me vas a echar que sea de menos

Si vamos a llorar que sea después de las carcajadas 

Si me vas a mentir que sea de ironía

Si me cantas las cuarenta  que sea para que yo te las baile

Si me vas pegar que sea la risa

Y si acabamos, que sea para volver a empezar


Un verano diferente. -2020-

 Está siendo un  verano muy diferente.

Un verano marcado por las miradas que ahora parecen hablar más que nunca, que ahora parecen expresar todo lo que antes era un beso.

Un verano más de cortijo que de playa, más de vaqueros que de bikinis de rayas, más de familia que de amigos a los que no les importas nada.

Un verano con menos viajes pero más despedidas. Menos sueños pero más metas conseguidas. Y si, es la época más ática que hemos vivido jamás y no te voy a mentir; tengo miedo. A veces, pienso que esa frase tan mía de “El último baile y nos vamos” nunca podrá repetirse, pero quizás el que viene o el otro o quizás el otro, pero por favor quiero seguir estando a 32 de agosto en pleno sol de mediodía, muerta de hambre y con la cerveza bien fría, porque a decir verdad, deberían poner al verano una multa por exceso de velocidad. 

Una cosa es cierta y es que este verano nos esta dando una buena lección a todos. Nos está mostrando el significado de la palabra “amar” con todas sus acepciones, desde la “a” a la “z” pasando por tu cuerpo hasta llegar a la lengua.

Que no es el sitio ni la hora, que son las personas.

Que aunque las terrazas estén vacías, la música apenas suene y estemos en cuarentena, el verano nos ha enseñado quienes merecen la pena y con quien nunca valdrá la espera porque esa será la gente que nos llena.

Giramos la cabeza hacia atrás y qué triste es tener que vivir una pandemia mundial para darnos cuenta de lo que es real, qué triste es tener que enfermar para poder descansar o que haya un virus que nos haga reflexionar.

¿Pero sabéis que?

Como cuando la arena te quema los pies y te da igual porque sabes que a unos metros está el mar y allí todo se esfumará. Así, exactamente así  es como deberíamos vivir


Y yo, sin más, me despido de este verano tan irregular. 


¡Hasta pronto!