domingo, 14 de octubre de 2018

11 de noviembre

Nunca he sido buena en matemáticas,
pero hay números que nunca se olvidan.
-al igual que las personas-
Yo, tan callada y sonriente guardando una auténtica locura en mi interior.
Tu, tan lleno de vida  con ganas de comerte el mundo.
Justo en ese momento, no necesitaba a nadie con el que hablar ni siquiera para pasar el rato,
ya tenía mi almohada, testigo de todas y cada una de mis batallas más profundas.
El tren pasó una vez por mi puerta y me la cerraron sin darme una explicación con la que poder desahogarme.
¿Por qué?
El mundo está repleto de por qué que no comprenderé jamás.
Y ahí, en el más profundo de los caos me encontraba yo.
Y pienso que tal vez no sé querer.
Quizás no sepa querer de la forma que tu quieres que quiera.
Posiblemente mi orgullo acabe mordiéndome el estómago poco a poco
como una termita hambrienta en una casa abandonada.
No te lo voy a negar.
Te cogí con ganas, te cogí con miedo.
Y ahora por dentro llueve,
se enmudece la primavera
y espero que se seque el suelo para poder salir y gritar a los cuatro vientos que bailaré bajo la lluvia si pasas a buscarme.
Que si, que te extraño desde aquel 11 de noviembre acurrucados junto a la lumbre de ese grandioso lugar.
Te sorprendiste, mucho más que yo, lo sé
Pero ¿qué más da?
Ya nos estás.
Te fuiste tan pronto como apareciste.
No me dio tiempo a invitarte a un café en el bar de enfrente, ni a mirarte a los ojos y poder decirte todo lo que quería amarte.
¡Cuidado!- me advirtieron mis amigas.
Ya había escuchado el crujido.
Doy un paso hacia delante y piso un cristal
Sobrepasa el zapato y hace herida.
Duele, mucho y sangra.
Pero no te preocupes, se el camino de vuelta a casa.
Suena a roto.
Acércate a mi pecho- te dije.
Colocaste la cabeza en el lugar donde habías dormido tantas veces

Y en ese momento te diste cuenta que ese cristal, era mi corazón.

Amores de verano

Verano es esa estación donde te reúnes con amigos,
olvidados en ese campamento tan cursi
pero realmente increíble.
Que deja huella, que deja marca.
Época de reencuentros.
Comidas familiares, repletas de gente que ni conoces
pero que más da, son los tuyos.
los que siempre están y estarán.
De pronto llegan las fiestas,
y eso significa bailes interminables al ritmo de los latidos de tu corazón,
mover la boca en cada canción, porque en realidad la letra no se la sabe nadie.
Araña el calor en la espalda y pega un chapuzón en la piscina.
El agua está helada y me miras.
Se para la respiración y me besas.
Hola.- te digo tímidamente.
Bienvenida al verano pequeña.
Locuras y escapadas se convirtieron en algo habitual.
Acampaste en mi mente, 
y congelaste los miedos.
En ese momento me di cuenta que hay personas que hacen sentir más en un verano que en toda una vida.
No has despertado aún y veo la alegría en tu mirada.
¿Dónde está el jarabe para esta enfermedad tan perfecta?
Que ni el mayor médico la ha encontrado, que ni tu lo has notado.
Desaparecieron las palabras,
y con urgencia tuvimos que aprender el lenguaje de las manos.
Pausa. Tranquila.
Deja de ilusionarte, que es un amor de verano.
El mundo es vuestro, pero cada uno por su lado.
A pesar de que ahora ya no está, no pasa nada
porque todo empezó sabiendo que tenía un final.
Que la maleta ya estaba en la estación en el primer beso.
Y no llores pequeña,
el año que viene vendrán más
dispuestos a terminar los tres poemas
que son imposibles de acabar.