Tenemos más tiempo que nunca, pero no podemos pasarlo con nadie. Tal vez el universo trate de decirnos que nada de lo que tenemos en la vida, ni la casa, ni el trabajo, ni los estudios, ni tan siquiera el mismísimo tiempo merece la pena si no podemos compartirlo con los nuestros.
Esto no es el fin del mundo pero puede ser una oportunidad para llegar a entender el objetivo de nuestro paso por aquí, cuando Europa se ve mucho más afectada que África y ya no nos reímos tanto. Nosotros que éramos los que explotábamos su país, su riqueza y su gente, ahora nos van a ayudar porque en los tiempos que corren se aprecia más un apretón de manos que una cartera repleta de billetes, ¡para que tanto dinero si solo queremos vivir!, cuando un beso pasa a ser un arma enemiga dispuesta a apuntarnos y hacernos desaparecer, cuando el dinero no nos salvará de ninguna factura sin pagar, cuando la mirada de tu abuela te lo dice todo, cuando reconocemos que la vida no la entendíamos hasta ahora y esta se detiene, todo se paraliza y el tiempo se convierte en nuestro peor enemigo.
La vida se nos está escapando y nos ahogamos, nuestro pecho se niega a admitir más aire, no nos quedan respiradores, ni mascarillas apropiadas para el personal sanitario. Estos héroes son los que están en el frente día tras día, callados, trabajando diez horas seguidas sin descanso sin importarle si quiera, las condiciones en las que lo hacen. Lo mismo ocurre con el personal de limpieza, aquel que se encarga de acabar con el maldito COVID-19 que tanto se pronuncia en las calles, los camioneros que nos traen el sustento para que podamos sobrevivir, el ejército y las fuerzas de seguridad del Estado desinfectan calles, visitan residencias de ancianos, se encargan de habilitar un hospital en IFEMA con 5.500 camas en 48 horas y tú, si tú, el que estas al otro lado de la pantalla en tu habitación viendo tranquilamente la tercera temporada de Élite, sin ningún tipo de responsabilidad, te crees con la necesidad de pasear el perro una hora, hacer algo de deporte por el paseo marítimo para bajar los kilos de más o incluso defiendes con firmeza ante la guardia civil que estás agobiado/a y no puedes más, que necesitas aire. ¿Aire? Aire es de lo que carecen nuestros hospitales. ¡Basta ya! Seamos responsables por favor.
Siempre he presumido de mi país y hoy más que nunca. Ha salido en la tele cómo los españoles se han movilizado para aportar un granito de arena a la causa. Grandes empresas se han encargado de hacer mascarillas, los bancos de facilitar los pagos de las hipotecas, los bares de carretera, de que los camioneros tengan donde comer bien y gratuitamente pero ¿sabéis que es lo que más me ha impresionado? La piña que hacemos todos, el trabajo de algunos para el bienestar de otros, porque si el coronavirus viene, nos lo comemos, que la puerta está cerrada y aquí ese maldito virus no tiene entrada, el paso es solo para personal autorizado así que, váyase de aquí.
Hay momentos en los que no podemos con todo lo que nos pasa. El mundo se nos viene encima y la vida nos pesa un poquito de más. Miramos hacia delante y parece que todo se nos ha puesto del revés. Pero tenemos que entender que no pasa nada por necesitar un tiempo de desconexión. No pasa nada por sentirnos perdidos, lo importante es querer encontrarse. Quizás el camino parezca imposible y no os voy a decir que vaya ser fácil. Va a ser duro y quizás vengan días peores en los que parezca que estamos retrocediendo, pero aún así hay que seguir poniéndole muchas ganas. Tenemos que ser fuertes y pacientes. No vale rendirse porque cuando salgamos de esto y miremos a atrás, no podremos hacer otra cosa que sentirnos orgullosos de nosotros mismos y sonreiremos por lo que todos, unidos, hemos conseguido. Porque lo habremos hecho y nunca más volveremos a desconfiar de nosotros.
Ahora todo se echa de menos, los abrazos que no nos estamos dando, las cervezas en el Princi que no nos estamos bebiendo pero tranquilos/as que no se pierden, se acumulan así que preparaos porque cuando salgamos de esta cuarentena vamos abrazarnos, besarnos, salir a correr por el campo, disfrutar de vernos sin una pantalla de por medio cuarenta veces seguidas.
Tal vez cuando volvamos a caminar, lo hagamos más despacio, saboreando los pequeños detalles que la vida nos ofrece, disfrutando de los nuestros pero para ello hoy no hay nadie en las calles para que mañana estemos todos.
#quedateencasa
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