jueves, 5 de septiembre de 2019

No vaya a ser que me despierte

No me beses con tantas ganas, no vaya a ser que me despierte. Bésame lento, acariciándome el pelo y enredándote en mi piel, mientras, cógeme la cara hasta que me observes soñar con los ojos cerrados. Acaricia mis mejillas y mírame a los ojos hasta que me sonroje y te lance una sonrisa directa al corazón. Dame besos por el cuello y que no se te olvide el beso final en la oreja, respirando hondo y susurrando todo lo que la noche le hizo al día. Juega con un mechón rubio de mi pelo al viento,  diviértete jugando al escondite con mis ojos. Muérdeme el labio lentamente. Mírame y no te preguntes “¿Lo hará bien?” sino “¿Su cabeza será igual de dulce que ella?”, “¿En qué pensará cuando me mira con esos ojos color miel?”.
Enlaza mi  nariz con la tuya, entretanto cierra los ojos, pero despacio, no corras, no vaya a ser que uno de los dos se despierte. Abrázame y deja que escriba poesía en tu espalda, déjame enseñarte la lentitud de lo efímero y la fugacidad de los momentos más intensos.
Cógeme  de la mano y no me sueltes jamás no vaya a ser que uno de los dos se desvele pero…
-Shh…. ¡Calla, calla!- me dijiste mientras colocabas uno de tus dedos en mi boca.
-¿Qué pasa?- pregunté asustada.

-No me beses con tantas ganas, no vaya a ser que me despierte.

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