Yo siempre me había sentido gato callejero que aparenta independencia y necesita amor. Tú llegaste como un aguacero por sorpresa con ganas de pillarme sin paraguas.
Ambos presumíamos de indiferencia y en el fondo nuestros pasos no podían evitar ir en la misma dirección.
Después de ti ya no recuerdo nada más. Me quedé anclada a tus “ya nos veremos” sabiendo que seríamos incapaces de alargar la espera. La soledad pierde todo su significado cuando alguien es capaz de combatirla incluso en la distancia.
Aquella noche me creí en pleno vuelo en paracaídas sin ganas de aterrizar. El miedo dejó de tener sentido porque el amor no es de cobardes.
“Te esperaré en el mismo sitio mañana” le dije, sabiendo que volverías.
Algo de nosotros estaba conectado para siempre. Ninguno de los dos quiso preguntarse el por qué, sabiendo que a veces buscarle el sentido a la magia es apagarle el encanto para siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario