Y de repente, allí me encontraba, en plena Plaza Jacinto Benavente con un grupo de jóvenes que resultaban ser mis compañeros de clase, o mejor dicho, mis compañeros de vida que nos disponíamos a pasar tres días cualquiera en la capital de nuestro país, sin embargo, no sabíamos que esos tres insignificantes días nos cambiarían la vida totalmente, siendo capaz-una vez más- de dar una vuelta de 360º a nuestros corazones ilusos y esperanzados.
Calles llenas de jóvenes, magia en cada pisada, sonrisas que clavan y cabezas agachadas repletas de sueños, repletas de ganas de salir para comerse el mundo.
Yo que nunca creí en los espejos.
Que apartaba la vista si veía reflejada mi tristeza en un cristal destrozado por la lluvia que recorría mi rostro y se posaba en las mejillas haciendo auto-stop por si alguien quería pararse a por mi.
Que tenía la autoestima por el suelo justo en la habitación de al lado de mis miedos, siendo el guardián del pasillo, la desmoralización y el engaño.
Que me daba pavor el invierno y sus calles frías.
Que siempre confiaba en los demás por encima de mi misma.
Yo, que me sentía la aguja del pajar que nadie encontraría, que lamía cada una de mis heridas para curarlas impidiendo el paso. Hace mucho tiempo que colgué el cartel de “Paso restringido, solo personal autorizado” ¿Qué personal si solo existía yo en todo este mundo de oscuridad?- pensaba mientras miraba por la ventana de la habitación 511 del hostal clavando la mirada en Puerta del Sol y su encanto.
Hoy, que son cicatrices abiertas a todos los públicos con entradas gratuitas a los que estuvieron a mi lado en esos momentos agridulces. Que todas esas heridas cuentan con numerosas salidas de emergencias en cada pasillo, que no me ruboriza coger de la mano a la soledad.
Yo, que le debo miles de importes a mi piel por no pagar a tiempo el amor hacia uno mismo, estoy escribiendo este pequeño texto enfrente de una ventana junto al Teatro Calderón, y oye, gracias Madrid por encontrarme una vez más.
Y si, te voy a querer por todos los enamorados engañados que te lo prometieron y no cumplieron.
Te voy a hacer el amor por todos los que alguna vez te deshicieron.
Y esto no es una promesa sino un aviso,
yo no prometo, sólo cumplo.
Siempre estaré en deuda contigo, Madrid
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