De ti prefiero quedarme con los apretones fuertes de mano aunque la película no sea de miedo. Con los platos que me tenías preparados media hora antes de llegar e incluso con las veces que me sujetaste la puerta para que pudiera pasar. Me quedo con la última copa que nos traicionó y con lo mal que cantabas aunque te empeñaras en hacerlo bajito. Me quedo con tu parte de locura y con las veces que me hiciste enloquecer. De ti prefiero quedarme con los bocadillos de tu abuelo que tenían reservado un mordisco a mi nombre y con el último favor que le hiciste a tu madre en mi presencia. Me quedo con todo lo que aprendí de ti pero permíteme que borre parte de lo que me enseñaste. De ti prefiero quedarme con las veces que te vi como un superhéroe y con el miedo que tenías a que algo saliera mal. Me quedo con la compatibilidad a la hora de tomar decisiones y con las veces que caminaste con la cabeza bien alta, mirando hacia adelante aprendiendo del pasado, Me quedo con los momentos en los que nos hicimos creer que lo nuestro era para siempre, aunque no se haya cumplido ni media parte. Me quedo con las veces que escribir sobre ti no me provocaba angustia y con los viajes compartiendo ansias de llegar a nuestro destino. Me quedo con el recuerdo de verte esperándome las cien veces que llegué con retraso y con los momentos en los que me llenaste de ganas y de valentía.
De ti me quedo con la historia que justifica a la cicatriz de tu rodilla. Pero sin duda alguna, me quedo con el beso en la frente que selló esta tregua final.
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